- ¿A qué has venido?
- ...
- Te quedas callado. Bien, no necesito tus palabras para recriminar mis actos.
- ...
- La culpa junto con la desesperación acabarán conmigo. Me recrimino por mis actos y desearía escuchar que me recriminaras. Pues tu rabia hacia mí, alviaría un poco el odio que siento por mí.
- ...
Solo después de esas palabras se escuchó el ruido de unos pasos y el sonido de la puerta al cerrarse.
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